Batirse en retirada

“No seas güey, no mames… cállate.”

Al final te lo dice la última persona de quien pensabas escucharlo. Y entonces no hay palabras para contestar, te callas porque es lo mejor, porque te acaban desbaratando lo que creías la mejor parte de tu vida. Cualquier otra persona que te lo haya dicho o incluso insinuado en otro momento no se había salvado de recibir lo más cruel del repertorio…

Y aprendes (o al menos deberías) una lección: sí, estás bien pendejo. Es la mejor recompensa que tienes. Y aunque diste lo mejor de ti, hiciste cosas que asegurabas nunca harías (y de las cuales no te arrepientes), te cuestionas: ¿qué hice mal? ¿Por qué? No tienes las respuestas, no sabes.

Perdiste, no una batalla, pues no era una guerra. Perdiste una parte de ti, la que sentías era la más importante.

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