Mar 24

Hay días en que te preguntas sí de verdad lo estás haciendo bien o de plano te las has pasado haciendo mal las cosas y nadie te dice (o bueno, sí, pero tu haces como que no saben de lo que hablan). Esa sensación he tenido los últimos meses, sumada con días en que algo me duele o me duele todo… han sido meses algo complicados.

Siempre he preferido equivocarme porque hice todo (y un poco más) en vez de no hacer nada. Así no tengo que lidiar con el tal “y si hubiera”, o es mi forma de hacerlo. No entiendo por qué te alejan para no perderte. Tampoco entiendo mucho el “no te vayas, pero no te acerques mucho, ahí atrás de la línea estás bien”. El “tú te mereces algo mejor”, ¿por qué no me dejan decidir a mi lo que quiero o me merezco? El concepto de la amistad como algo obsoluto; la amistad no es algo que perdura en el tiempo por el simple hecho de haberse dado en algún momento, es más bien algo frágil que tienes que cuidar y sólo funciona cuando lo hacen ambas partes tanto como pueden.

¿A quién se le ocurre que las personas son prioridad en su vida? Habiendo tantas otras cosas en qué centrar su atención, como por ejemplo: uno mismo, el trabajo, divertirse, un negocio… Yo lo hice. Las personas son prioridad en mi vida, y por eso les dedico tanto tiempo. He dejado de hacer cosas para mi, el trabajo y demás, por pasar tiempo con ellas (aunque al final también estoy haciendo cosas por mi). En ocasiones parece que presiono por arreglar una situación. Y no quiero cambiar esa parte, porque el hubiera más difícil de todos es cuando las personas ya no están… y en ocasiones no puedes hacer nada para que regresen.

Empiezo a dudar de que las prioridades en mi vida sean las buenas. Y cuando cambien les voy a hacer una recomendación: evítenme, alejense tanto como puedan porque no van a querer cerca a alguien como yo. Pero al final, ustedes deciden.

…Esa es mi vida en estos días.

Mar 20

Como sí hay días en que sientes que te vas a morir (o eso quisieras)… Pero la verdad es que ni te mueres y al día siguiente (o semana o el tiempo que se les ocurra) ves que estabas exagerando y que no era tan grave.

Yo ya quiero que sea el próximo día o semana o lo que sea necesario. Soy todo un fracaso para algunas cosas.

Mar 12

A lo largo de mi vida, he conocido personas que tienen una gran influencia sobre el resto de la humanidad, en cierta forma tienen algo que las hace sobresalir del resto. Y claro, uno inmediatamente piensa en gente con barba, anteojos y miradas profundas. Pero no, la cosa no para ahí, hay pequeñas personas que son tan destacadas como cualquier otro pensador, político o estratega; no necesitan de la barba, ni el bigote, ni la mirada profunda.

Me refiero por supuesto a los niños. He aquí algunos ejemplos:

Niño dios

El Santo Niño Dios

Niñopa

El Niñopa

Santo Niño de Atocha

El Santo Niño de Atocha

Para algunos el niño predicador… Pero como a él no lo trajo la cigüeña, me lo salto.

Y por supuesto:

Niño tiburon

El niño tiburón: ahhhh, socorro! Un niño tiburon…
Mar 11

Entiendo que no puedo
suplicarle una vez mas
Pero nada se detiene
Solo vivo para ti

Dame sólo un beso
que me alcance hasta morir
Como un vicio que me duele
Quiero mirarte a los ojos

Luna
No me abandones más
Que tiendo a recuperarme
En la cuna de tus cráteres

Silencio
Se abre la tierra
Y se alzan los mares
Al compás del volcán

Y cuando te me acercas
Se acelera mi motor
Me das fiebre
Me hago fuego y me vulevo a consumir

Dame solo un beso
que me alcance hasta morir
como un vicio que me duele
Quiero mirarte a los ojos

Luna
No me abandones mas
Que tiendo a recuperarme
En la cuna de tus crateres

Silencio
Se abre la tierra
Y se alzan los mares
Al compás del volcán.

Adivinen…

Mar 9

“No seas güey, no mames… cállate.”

Al final te lo dice la última persona de quien pensabas escucharlo. Y entonces no hay palabras para contestar, te callas porque es lo mejor, porque te acaban desbaratando lo que creías la mejor parte de tu vida. Cualquier otra persona que te lo haya dicho o incluso insinuado en otro momento no se había salvado de recibir lo más cruel del repertorio…

Y aprendes (o al menos deberías) una lección: sí, estás bien pendejo. Es la mejor recompensa que tienes. Y aunque diste lo mejor de ti, hiciste cosas que asegurabas nunca harías (y de las cuales no te arrepientes), te cuestionas: ¿qué hice mal? ¿Por qué? No tienes las respuestas, no sabes.

Perdiste, no una batalla, pues no era una guerra. Perdiste una parte de ti, la que sentías era la más importante.