Hay días en que te preguntas sí de verdad lo estás haciendo bien o de plano te las has pasado haciendo mal las cosas y nadie te dice (o bueno, sí, pero tu haces como que no saben de lo que hablan). Esa sensación he tenido los últimos meses, sumada con días en que algo me duele o me duele todo… han sido meses algo complicados.
Siempre he preferido equivocarme porque hice todo (y un poco más) en vez de no hacer nada. Así no tengo que lidiar con el tal “y si hubiera”, o es mi forma de hacerlo. No entiendo por qué te alejan para no perderte. Tampoco entiendo mucho el “no te vayas, pero no te acerques mucho, ahí atrás de la línea estás bien”. El “tú te mereces algo mejor”, ¿por qué no me dejan decidir a mi lo que quiero o me merezco? El concepto de la amistad como algo obsoluto; la amistad no es algo que perdura en el tiempo por el simple hecho de haberse dado en algún momento, es más bien algo frágil que tienes que cuidar y sólo funciona cuando lo hacen ambas partes tanto como pueden.
¿A quién se le ocurre que las personas son prioridad en su vida? Habiendo tantas otras cosas en qué centrar su atención, como por ejemplo: uno mismo, el trabajo, divertirse, un negocio… Yo lo hice. Las personas son prioridad en mi vida, y por eso les dedico tanto tiempo. He dejado de hacer cosas para mi, el trabajo y demás, por pasar tiempo con ellas (aunque al final también estoy haciendo cosas por mi). En ocasiones parece que presiono por arreglar una situación. Y no quiero cambiar esa parte, porque el hubiera más difícil de todos es cuando las personas ya no están… y en ocasiones no puedes hacer nada para que regresen.
Empiezo a dudar de que las prioridades en mi vida sean las buenas. Y cuando cambien les voy a hacer una recomendación: evítenme, alejense tanto como puedan porque no van a querer cerca a alguien como yo. Pero al final, ustedes deciden.
…Esa es mi vida en estos días.



