Me voy a poner cursi.
Y es que cuando da la hora de la comida en el INM, la oficina se vacía, el piso también (o sea, todas las oficinas), y me quedo solo… o al menos eso parece.
Pero después de calentar el arroz, la sopa, o las enchiladas… me acuerdo de mi mamá, que se tomó el tiempo para prepararme cada traste con la salsa, los frijolitos o un par de tortillas. Y entonces ya no como solo.
Así que, mamita, gracias. Te quiero mucho (no sólo por ponerme la comida
).
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