Hay veces en la vida, que te levantas por la mañana, abres los ojos, bostezas, te regresas a la cama otros dos minutos, piensas que ya es tarde pero que no pasa nada por dos minutos, bueno, el caso es que es un día que empieza normal. Ningún pensamiento extraño ronda por tu cabeza, el día anterior no te dormiste pensando en eso que no te dejó dormir durante mucho tiempo y cuando despertaste tu mente estaba en blanco… ok, todo normal.
Transcurre el resto de la mañana sin ningún sobresalto, haces las cosas que tienes que hacer, hablas con la gente que tienes que hablar. Llega la tarde, te vas comer y sigues con lo tuyo. Todo bien.
Y llega la noche y de pronto te das cuenta que algo pasó, algo que no tenías previsto, fuera de lo común. Y no, no es que hayas crecido 10 cm en un día, ni aquel horrible barro que te viste en la mañana se haya vuelto en una abominación que te desfigura el rostro, mucho menos que se haya ido, tampoco te ganaste la lotería, ni te vuelves famoso; o sea, nada que el resto de la gente pueda percibir a simple vista. Te das cuenta que algo se rompió (aunque probablemente estaba roto y ahora se arregló) y que esos pequeños detalles que parecían sin importancia lograron generar una avalancha de cambios en tí.
Y sí, esperabas algo, y te diste cuenta que estabas algo cansado de esperar, que diste tanto pero las cosas no iban como tu querías, que al final los buenos intentos no sirven, que en ocasiones es bueno ser realista.
Te da por ser racional, pragmático (esa palabra ni yo la entiendo) y dejar a un lado los sentimientos (conste que es dejar a un lado, lo cual no es dejar de sentir, al menos yo no puedo) y ¡ta taaaán! Te encuentras con alguien diferente, alguien que no conocías y que cuando lo haces te hace sentir bien. Y lo irónico del asunto es que conociste a mucha gente: linda, buena onda, divertida, odiosa, molesta… Pero se te pasó notar a esta persona.
Y esa persona eres tú. Y es que de un tiempo para acá te habías olvidado de todo lo que viviste, aprendiste, de los aciertos y en la mayoría de las veces, más importantes, los errores que cometiste. Y te pasa eso que la gente le dice: “caerte el veinte”. Sí, no soy el mismo que el de ayer, ni el de hace un mes, ni el de hace un año.
Tan paradójico como pueda sonar viví uno de los mejores años de mi vida (si no, es que el mejor), pero también, durante cierto tiempo uno de los peores:
Me di cuenta que hay personas a las que podía querer tanto que los ‘te quiero’, ‘te extraño’ o ‘te amo’ no alcanzaban para expresar lo que llegas a sentir por ellas. Y es que no soy de los que va por la vida diciendo a todo mundo te quiero; sí, a mi sí me pueden contar las veces con los dedos de la mano en que lo he dicho (bueno, tal vez los dedos de sus manos, o de las mías, no importa siempre y cuando tengan al menos cinco dedos en cada una
), ni tampoco creo que por decirlo en cantidades industriales sea más significativo. Aprendí que un ‘hola, ¿cómo estás?’ y una sonrisa podrían ser el combustible para moverte el resto del día (eso, un desayuno y una comida, tampoco es que sólo de saludos y sonrisas se puede vivir
), que el tráfico de toda la ciudad puede ser sólo un detalle, aún cuando la cruces completamente todos los días. Que los conciertos son bien chidos, pero que son mejores cuando vas con alguien especial (y no importa que el que toque sea Morrissey, no es necesario verlo a 3 metros).
Y hubo días de la chingada (sí, así, literalmente), días en que una almohada se convertía en tu única compañía, la noche la hora de las preguntas, de los cómos y los por qués, que dormir dejaba de ser una necesidad para convertirse en un anhelo y que cuando lo lograbas a veces llegabas a lugares y situaciones que a la mañana siguiente te hacían odiar el haber despertado. Hubo otros en que te quedabas tarde, muy tarde, esperando que todos se hubieran dormido y que por más que lo intentaste, las lágrimas acabaron rodando por tus mejillas y así, con la almohada húmeda acababas durmiendo sin saber en que momento tu día terminaba. Y algunos te vieron mal, otros muy mal, pero nadie supo exactamente lo que sentías, y es que tampoco es que tuvieran que saberlo, pero aprendiste que cuando esas cosas pasan lo mejor que puedes hacer es ser alguien que esté dispuesto a escuchar, no te sirve de nada que te digan que hacer, o que eres un tonto… sólo necesitas que te escuchen, así, sin condiciones… y un abrazo. Y es en esos momentos que entiendes la frase: no es necesario recordar, no puedes olvidar…
Así que ahora le puedes decir a todos, pero principalmente a tí mismo: estoy bien, Así, bien, aunque suene muy ingenuo, no necesitas adornarlo con nada. Que es cierto, antes estuviste mal, que no era drama, pero que también estuviste muy feliz, muy contento y tampoco exagerabas.
Ahora tienes muchas cosas que hacer, proyectos, más responsabilidades, que en cierta forma involucran a cientos de personas (seguro han de decir que exagero, pero la verdad es que pueden ser miles o hasta millones :S), pero que tienes claro lo que quieres hacer, cuales son tus prioridades. Que el trabajo es importante (mucho), pero que pueden ser igual o a veces hasta más importantes tus compromisos personales, que no te olvidas de lo que prometes, así sea un café, una comida, una ida al cine, una llamada, y es que siempre he creído que las personas que se han tomado la molestia de conocerte y a veces de soportarte, al menos merecen lo mismo de tí. Así que sí, pueden contar conmigo, no hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo.
Aprendes de la sabiduría popular, pero entiendes que no por ser popular está bien. Cuando una puerta se cierra, no se abre otra, pero puedes intentar abrirla tú, habrá ocasiones en que puedes abrirla, otras en que te la cierren, pero recuerda que hay otras puertas, algunas abiertas, otras cerradas y siempre puedes elegir, pasar a través de ellas (si están abiertas, si no, te puedes estampar y duele), cerrarlas o abrirlas. Tampoco es cierto que un clavo saca a otro clavo, un clavo hace otro agujero y ya.
Y bueno, creo que ya está absúrdamente largo este post, así que si llegaron hasta aquí viene el bonus: ¿ven que hay unas frases que están subrayadas? ¿Sí sí? Ok, pues son de canciones, el primero que me diga quien las canta y como se llama (la canción) le regalo un disco, el que quieran (de menos de 300 pesos), es más, hasta autografiado, eso sí, no les prometo que sea el autógrafo del artista/grupo de su elección, pero se llevan el mío
. Voy a poner los comentarios en moderar pa’ que no se anden copiando si no le atinan a todos a la primera.
PD. El final de la tercer temporada de Dr. House todavía no lo acabo de digerir, pero ayudó a este post. Agridulce, gracias por la plática del martes
, sí nos pasan cosas parecidas ¿no? Unas chelas a la salud de aquellos locos insanos
. A los amigos (inclúyanse con confianza, ustedes saben quienes son) gracias, y aunque no dejen comentarios, que chido que se aventaron toda la entrada. Y los que no me conocen, dios, que aguante el suyo, gracias.
PD2. Más o menos este era el post atorado/guardado que tenía desde hace mucho, pero no encontraba las palabras, ni el animo para hacerlo. Seguro se me pasó algo, así que estén pendientes amiguitos
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