Era de noche, muy parecida a otras tantas… A pesar de estar alejado de muchas cosas, podía y quería seguir haciendo cosas, bastaba con abrir y asomarme por la ventana para saludar.
De pronto, la noche cubrió todo, y el silencio absoluto se hizo presente. Asomarme por la ventana era en vano, estaba solo, aislado del mundo… una pequeña luz se mantenía con vida, pero a cada minuto que pasaba se iba haciendo más débil.
Y yo quería continuar, pero ya no estaba en mis manos… de pronto, todo regresó a la normalidad, el mundo reapareció como si no hubiera pasado nada. Pero fue por poco tiempo: la oscuridad, el silencio, mi vacilante fuente de luz y yo eran lo único que quedaba.
Esperé, pero esta vez la espera me superó, dejé que la oscuridad y el silencio consumieran todo, a pesar de la promesa de que las cosas volverían a su lugar. Sé y me han dicho que la noche termina, que el amanecer llega… pero en ocasiones hay noches que duran más que otras.